Si tú tienes el recurso y yo tengo el capital,
tú me das el primero, yo te puedo prestar
así tu economía aumentará (tal vez),
trabajarás y yo te cobro el interés.
Fragmento de la canción Psicología al día, del dúo musical cubano Buena Fe
Las clases magistrales pueden dejar conceptos, hechos, cronologías, personalidades… que así en frío, como acto memorístico, nunca fueron de mis preferidas. Sin embargo, fue otra la intención de Lynda Avendaño Santana ―Investigadora principal del Instituto Internacional de Investigación Académica MAYASEDU, Investigadora AGI, Universitat de Barcelona e investigadora del Centro de Investigaciones en Estéticas Latinoamericanas, Universidad de Chile―, alineada con aquellos que esperan de una clase un acto de aliento resolutivo: pensar opciones colectivas ante el extractivismo digital en el mundo tecnológico del siglo XXI. Por eso la conferencia “Descolonialidad digital y arte post-internet descolonial en los tiempos de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG)” impartida en el auditorio Luis Villoro, Casa del Pueblo, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), tuvo esa dosis de indisciplina epistemológica, que deja una estela de preguntas no precisamente en la mar, como diría el poeta, sino cual impronta de un pensamiento crítico descolonial irreductible.
Necesario debate sobre el capitalismo cognitivo que se apropia “de la inteligencia colectiva, transformando el conocimiento, la creatividad y los datos en mercancías, (…) un nuevo tipo de colonialismo: la neocolonialidad digital data, sustentada en el extractivismo informacional y en la concentración del poder tecnológico en el Norte Global, particularmente en corporaciones como OpenAI, Google, Meta y xAI, que privatizan y mercantilizan los datos generados por millones de usuarios (…)”, subrayó la conferencista. El énfasis en que quienes controlan los hilos del algoritmo digital ejercen el poder, se apropian de saberes, del sudor de gente que estudia, crea, hace; para luego extraer esa savia, y usarla para estandarizar, jerarquizar, anular.
A solo meses del coloquio dedicado al entrecruzamiento de temas de estética, arte, cultura y (de)colonialidad; y de la presentación del filme La filosofía es un don para un mundo sin sentido, nuevas resonancias descoloniales se alojan en la BUAP, con el auspicio de la Maestría en Estética y Arte (MEyA) y Colección La Fuente. En esta ocasión, el intercambio de la profesora-investigadora, historiadora y teórica del arte, con alumnos e investigadores, fue un espacio para interpelar el colonialismo digital contemporáneo, desde la ética, la filosofía, lo sociocultural, lo que de humano nos toca. Pero no bastó, también fue propositivo de marcos de descolonialidad y filosofía de la liberación aplicados a la tecnología, del arte post-internet como una herramienta clave en la emancipación epistémica y cultural.
Con la puesta sobre la mesa de que toda atención, cuidado, es mediada por ciertas técnicas materiales. Quienes controlan los algoritmos no solo administran información, sino que modelan lo que podemos ver, pensar, validar… Somos subjetivados desde esas mediaciones que determinan el modo en que nos relacionamos, la producción de datos, la posibilidad o no de posicionarlos y legitimarlos. Lynda mencionó varios ejemplos que, desde el arte, apuestan por contrarrestar el influjo y por generar imaginarios emancipatorios digitales contra la supremacía tecnológica ―Morehshin Allahyari (Irán) y Rafael Lozano Hemmer (México/Canadá), Ricardo Domínguez (México)―. Voces para reflexionar cuánto cuidamos hoy de nosotros y de qué modo lo hacemos, qué posibilidades y limitaciones tenemos. Formas alternativas, en palabras de Lynda, para “la construcción de horizontes de justicia cognitiva y cultural en el mundo tecnologizado del siglo XXI”. El desafío, entonces, es: ¿cómo construir justicia cognitiva desde plataformas y dispositivos que, en su propia arquitectura, ya responden a lógicas de extracción? Quizá la pregunta que queda no es solo quién controla, sino desde dónde ―y con qué herramientas― intentamos disputar ese control.






