Texto: Yanay Prats Herrera
Fotografía: César Sánchez Palacios
HOMENAJE A ENRIQUE DUSSEL: LA FILOSOFÍA HAY QUE VIVIRLA
En el contexto por el segundo aniversario luctuoso de Enrique Dussel, la proyección del filme La filosofía es un don para un mundo sin sentido, de la realizadora argentina Cecilia Fiel, fue un regalo recibido que compromete la escucha y, por supuesto, la entrega. La deferencia del preestreno en la sala auditorio Elena Garro, se produjo gracias al esfuerzo de voluntades varias ―coauspiciada por la Maestría en Estética y Arte (MEyA) y la Colección La Fuente de la FFyL de la BUAP, en colaboración con el Instituto de Filosofía de Cuba y la Fundación Atenea A. C.―, y permitió a los que allí asistimos azuzar, a través de este valioso material audiovisual, el diálogo con el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel: cierto aire de despedida; en paradoja, de vitalidad inagotable. Así, el filósofo, cual el pescador Santiago de El viejo y el mar, aunque con hondas cicatrices de tanta labor, tiene sus ojos invictos… empeñado en terminar su estética, ¡su gran marlín!
El itinerario filosófico de su mano es goce sensorial. Habitamos un interior laberíntico, su biblioteca personal de libros dispares Freud, Marx, Tomás de Aquino, José Martí, disímiles traducciones de su propia obra. Anécdotas de algunos volúmenes que más que impresos, son recuerdos, tiempo de incansable trabajo, disciplina férrea, momentos difíciles, como esos dos libros que conserva, aun así, deteriorados, porque fueron sobrevivientes junto a él de cuando le pusieron una bomba en su casa. Son compañeros con los que polemiza.
Dussel es anfitrión en el espacio cómplice de la biblioteca ―para la realizadora a quien dio cobija y para nosotros gracias a ella―, sin muchos protocolos, lo cual se agradece pues nos acerca desde su particular andar, mirar, hablar… y su savia filosófica. Así nos lee una dedicatoria de hilarante ironía y, a la par, hace una corrección de redacción. El encuadre en ese espacio es ¡perfecto!, si bien Cecilia comenta algunas tomas que hubiese querido repetir, el deseo de transgredir ciertos modos en la narrativa… ajustes que hubiera hecho quizás en otras condiciones de rodaje; sin embargo, cualquier imperfección desaparece cuando logra lo más importante y entonces el encuadre es ¡perfecto!: nos acerca al ser humano.
La Filosofía de la Liberación como culmen de un pensamiento crítico de entrecruzamientos históricos, políticos, filosóficos, económicos, abre líneas en acaeceres de interseccionalidad con el pensamiento latinoamericano contemporáneo: lecturas prácticas en clave feminista; desde la lucha zapatista; con énfasis en categorías como víctima, exterioridad, poder obediencial; diversas lecturas de raíz dusseliana, que comparten un eje: la vida.
Ese montaje polifónico establece vasos comunicantes con espacios y tiempos diversos: Tlatelolco, el zócalo de Ciudad México, la UNAM. Por ejemplo, en plano secuencia participamos de una conversación con un discípulo, quien nos deja ver un Dussel que escucha y anima a la investigación; o transitamos por callejuelas al interior de la UNAM, donde nos movemos junto al filósofo, ingresamos al comedor a su lado, y podemos entender que hablar de filosofía no es un acto aislado, idealizado, es un acto que acompaña el día a día, el comer, beber. Una conversación de múltiples inferencias y resonancias.
Parte de esa puesta en marcha también tuvo lugar cuando se encendieron nuevamente las luces del auditorio y se produjo el intercambio entre discípulos, amigos y especialistas: Jesús Rodolfo Santander Iracheta, Célida Godina Herrera, Enrique Téllez Fabiani, José Ramón Fabelo Corzo y Juan Antonio Mújica García. Además de las confidencias de Cecilia Fiel, quien ahondó en las complejidades del rodaje, pandemia, cuestiones financieras, situaciones de salud personales, censura, presiones institucionales; que, no obstante, y aunque por caminos diferentes a los preconcebidos por ella, no impidieron que se concretara este filme testimonial de matices varios.
Entrelazo evocaciones: recuerdos familiares, Universidad de Mendoza, persecución y amistades desaparecidas en Argentina, exilio, docencia, ideas filosóficas, exigencia crítica, transformación educacional... Ángulos distintos: “Dussel fue fiel a una misma idea, única estrella de su camino, la liberación” (Rodolfo); “estudiantes críticos, no obedientes” (Célida); “si no vives la filosofía, quién sabe qué estás haciendo” (Téllez); “la importancia de su filosofía vitalocéntrica” (Mújica); “hay que revisitar este imprescindible filme” (Fabelo Corzo). Incorporo mi voz y me quedo de Dussel con un gesto, ese guiño de complicidad para cuestionar narrativas, para provocar al debate, al giro desde Latinoamérica; y también con una frase que nos conecta desde la vulnerabilidad humana, cuando dice: “La verdad científica no da sentido, el símbolo sí”.






